A minutos de comenzar el partido, y tal como ocurre en cada partido de los All Blacks, estos hacen su ceremonia llamada “haka”, que es un ritual autóctono de Nueva Zelanda y que ellos lo llevaron a sus presentaciones. Ya es una costumbre, un ícono verlos realizarlo. Pero el de ayer tuvo una particularidad.
Los jugadores de All Blacks se formaron y Sam Core, su Capitán, tenía algo en la mano y fue hasta la mitad de la cancha. Allí, ante la vista, seguramente azorada de los jugadores argentinos, el jugador neocelandés desplegó una camiseta negra de All Blacks con la 10 y la palabra Maradona. La emoción se apoderó del estadio y un estallido hubo en la gente, que alcanzó a ver la camiseta y aplaudió el gesto.
Toda la ceremonia de los All Blacks fue un homenaje al gran astro argentino fallecido el miércoles pasado. Un acto de caballerosidad, de muy buen gusto y sentido de la oportunidad. Un acto de hombría de bien de honrar a un enorme deportista, por más que no sea “del palo” de ellos y quizá ni siquiera lo hayan conocido. Pero la pregunta es: ¿Los Pumas qué?. Lamentablemente no hicieron absolutamente nada, no realizaron homenaje alguno para el mejor de todos (en fútbol) de todos los tiempos y una figura ARGENTINA por donde se la mire.
Un equipo representativo argentino no hizo nada por Maradona, aunque sea portar una flor, una foto, una camiseta, un distintivo, un logo, nada de nada. Y resultó vergonzoso que los All Blacks nos hagan sentir, justo a nosotros, quién fue Maradona con tremendo homenaje, nada menos que el ritual sagrado que ellos tienen ante cada partido. Los Pumas, que tantas veces fueron y son más argentinos que nunca, pareció como que no sintieron nada por lo que sacudió al país y al mundo el miércoles pasado.
Definitivamente, el homenaje debió partir de Los Pumas y no de los All Blacks, por más locales que sean y por más sentimientos que puedan tener, que por naturalidad no creo sea igual al nuestro, al de los argentinos en este caso muy especial. Justo Maradona, que estuvo en el vestuario de Los Pumas muchas veces, que le enseñó a patear penales a Nico Sánchez, que estuvo en el vestuario de Copa Davis, antes de ganar la gran final de 2016; el que estuvo en el vestuario con Sabatini, en el de la Generación Dorada, en un rincón de un boxeador, siempre alentando a Argentina, siempre queriendo que la selección, del deporte que sea, gane y sea cada vez mejor.
Entonces, creemos que Los Pumas se equivocaron, que debieron levantar más alto que nunca la bandera argentina, más allá del resultado, y debieron aflorar el sentimiento, como les ocurre con el himno, y homenajear al gran deportista que se nos fue, a un gran argentino que se nos fue. No, señores, que los All Blacks no me digan en la cara quién fue Maradona, porque como argentino lo sabemos todos. Pero yo me saco el sombrero ante tamaño gesto de grandeza y les agradezco infinitamente la manera de la que nos emocionaron. A Los Pumas, quizá ese gesto, mezclado con la vergüenza, los dejó atónitos, hasta quizá por los 80 minutos que siguieron a tan pequeño pero tremendo acto.

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